Un romance de alta mar.

Tranquilo, apacible, pero a veces muy bravío, así era el mar de verano que azotaba nuestro barco con una fiereza propia de un monstruo.

La tormenta no parecía cesar y nosotros no teníamos ninguna intención de salir a la cubierta a presenciar el estado de la misma, por lo cual decidimos quedarnos jugando un tranquilo juego de cartas entre marineros.

El capitán, la sub capitana y yo nos encontrábamos sentados en una ronda frente a una mesita de madera, la cual nos sirvió de soporte para poder apoyar nuestras copas y el mazo de cartas con el cual se llevaba a cabo el juego.

Desde mi posición en la mesa podría apreciar con detenimiento el rostro de la sub capitana, un rostro tan bien definido y hermoso que parecía haber sido tallado a mano, por los mismos dioses.

Pasado unos cuantos turnos pude notar como la mirada de la sub capitana se postraba en mi cada vez que el capitán decidía tomar las riendas del juego, la mirada de una chica tan hermosa hizo latir fuertemente mi corazón asustado por la tormenta.

Luego de un rato evitando la mirada de la sub capitana decidí hacer contacto visual directo, la sorpresa que me lleve fue muy grata, la sub capitana estaba señalándome con un dedo el cuarto de licores, por lo cual pensé que quería contarme algo.

-Capitán, no cree que alguien debe verificar el estado de las reservas de alcohol, no nos vayamos a quedar sin alcohol en medio de la tormenta-. El capitán casi en estado de ebriedad asintió con al cabeza para luego dejar caer la misma sobre la mesa de juego, segundos después se quedaba dormido y yo me dirigía hacia las reservas.

Espere unos momentos junto a un gran barril de cerveza hasta que la sub capitana por fin hizo su aparición.

-Almirante creo que ya no podemos ocultar lo que sentimos el uno por el otro- Hace mucho tiempo que yo quería declararme ante la capitana, pero jamás se me paso por la cabeza que ella sintiera lo mismo, por lo cual procedí a hacerle una pregunta.

-¿A qué se refiere mi sub capitán?- -No se haga el tonto almirante, ambos sentimos una fuerte atracción por el otro, se podría decir que nos gustamos mucho, espero que no tenga que volver a repetir esto ya que me causa mucha vergüenza el simple hecho de encontrarnos uno frente al otro.

-Capitana usted realmente me gusta, ¿pero porque jamás me dijo que yo también le gustaba? -Simple cobardía mi almirante, tenia miedo que lo nuestro no fuera a funcionar, usted es tan bueno, amable y con un gran carisma, yo simplemente soy como cualquier otra mujer de altamar.

Inmediatamente al escuchar esto último, sujeto su mano de improvisto. -No diga eso, usted no es como todas las demás, usted es amable, firme, valiente, intrépida, sumamente atractiva y sobre todo muy, pero muy, inteligente, es la viva imagen de la mujer de mis sueños.

La sub capitana se hallaba en silencio, la atmosfera en la habitación se había vuelto pesada, creo que tal vez dije algo que no debía.

-¿Está usted bien capitana?, -Usted es un tonto mi almirante, claro que estoy bien, simplemente me había sorprendido por sus hermosas palabras, ahora me siento un poco tonta, tonta por pensar que usted me rechazaría si yo me le declaraba, ahora veo cuanto me equivoque.

-Eh necesitado que los fantasmas del mar azotaran nuestro barco para por fin decirle lo que siento-.

Justo en el momento en el que iba a responder podemos escuchar un fuerte grito proveniente de la cubierta, -Grumetes, vengan a ver esto, es un milagro-.

Sin dudarlo ni un segundo nos dirigimos a la superficie solo para darnos cuenta que quien llamaba era ni mas ni menos que el capitán, había despertado y se hallaba mirando al cielo.

El cielo anteriormente gris se encontraba completamente limpio, no quedaba ninguna prueba de la tormenta que acababa de azotar el mar. Era como si de pronto los dioses decidieran que nada de lo anterior hubiera pasado.

Mirando el cielo se hallaba la capitana, la cual estaba señalando un ave blanca que sobrevolaba el barco, de pronto el ave dejo caer algo sobre la cubierta del barco.

Rápidamente fui a buscar de que se trataba, enorme fue mi sorpresa al notar que el objeto soltado por el animal, era nada mas ni nada menos que un gran anillo de brillantes.

Enseguida pensé que todo esto que pasaba era un mensaje del cielo para proseguir sin temor hacia el futuro.

Me inclino frente a mi sub capitana con la cual minutos atrás nos habíamos confesado nuestro amor y le digo fuerte y claro: -Capitana, ¿quiere usted empezar una bonita relación junto a este humilde grumete?

La sub capitana empezó a expulsar lagrimas de sus ojos y acto seguido respondió a mi pregunta-Me encantaría, mi valiente almirante-.

Ambos procedimos a darnos el mejor beso que alguien puede darle a otra persona, para luego dirigir nuestras miradas hacia el horizonte, esperando que de ahora en adelante a lo único que debamos temer sea al poderío del mar y no al ser honestos el uno con el otro.

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